Pasé años llenando cuadernos en mis ratos muertos (esperando el bus, en el tren, en la puerta de una clase, a la salida de un examen, esperando a alguien...), de sentimientos, experiencias diarias, unas comúnes y otras menos, pensamientos simples y complejos, pragmatismos y filosofadas, reflexiones espirituales, diálogos con Dios... todo ello con una fluidez y naturalidad que daban vida propia a mis cuadernos, que parecían llenarse sólos, únicamente con la ayuda de mi mano derecha, que obedecía pasiva.
Pero un día,este manantial se secó. Desconozco ese día, y también el porqué, pero digo yo que un debió haberlo, y desde entonces inexplicáblemente mis cuadernos quedaron inertes, las páginas sobraban, se hacían eternas e interrogantes, casi siempre inacabadas, con fechas dispares sin continuidad y distanciadas. Seguían habiendo ratos muertos, o quizás menos, o distintos, pero habían, sólo que algo ocurrió, aunque no sepa qué. Sólo tengo realmente claro que parecieron agotarse las palabras, mis sentimientos, pensamientos, experiencias, impresiones... se quedaron mudos...pero nunca dejaron de querer gritar.
Ahora, desde un máximo de incomunicación, esos gritos son demasiado fuertes, necesitan fluir de nuevo, encontrar esas palabras que los liberaban de su encierro.
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